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sábado, 25 de febrero de 2012

ARTICULISTAS - Los tiempos cambian - María del Pilar Gándara Moratilla


MARÍA DEL PILAR GÁNDARA MORATILLA
Comercial y periodista (Madrid)


Los tiempos cambian

        Con el paso del tiempo y las nuevas tecnologías siempre creemos que hay cosas que nunca pueden llegar a pasar y hechos que nos parecen ya imposibles, hasta que suceden.
Quién nos iba a decir que, en pleno siglo XXI, un barco, pero no un barco cualquiera, sino un trasatlántico dedicado a grandes cruceros, podría hundirse como el ‘Titanic’ hace ya un siglo. Me refiero al accidente del crucero italiano ‘Costa Concordia’, ocurrido en la isla Giglio, que provocó su hundimiento parcial el 13 de enero, requiriendo la evacuación de más de cuatro mil personas, de las cuales pereciendo más de una veintena, entre decenas de heridos.
        Como en plena película de James Cámara, los pasajeros vivieron escenas de terrible pánico, todo se movía de un lado a otro bajo la luz apagada.
Desesperados por conseguir alcanzar un bote salvavidas, miles de personas se agolpaban a los lados del barco intentando huir, muchos incluso se lanzaron al mar y llegaron nadando hasta la orilla de la isla.
        Otros con peor suerte murieron ahogados o desaparecieron en las aguas. Por supuesto, no estamos en 1912 y a día de hoy los equipos de rescate funcionaron de forma eficaz, lo cual dio lugar a que muchos de los pasajeros sobrevivieran.
        Llama la atención poderosamente la actitud del capitán. Acostumbrados todos a las grandes películas y a la realidad en donde la figura del capitán orgulloso de su barco y dando una lección de valentía y coraje, no lo abandona nunca e incluso fallece con él.
        Pues este nuevo capitán moderno y cobarde paso supuestamente de toda moral y se marchó el primero. Supongo que haciendo honor a la legendaria frase “Pies para que os quiero”. Vamos que lo de “las mujeres y los niños primero”, pasó a la historia.
        ¡Qué vergüenza!, como cambian los tiempos.


martes, 27 de diciembre de 2011

Articulistas - El espíritu navideño - María del Pilar Gándara Moratilla

MARIA DEL PILAR GÁNDARA MORATILLA
Comercial y periodista (Madrid) 

El espíritu navideño


        Cuando se acercan las fiestas navideñas, en pleno mes de diciembre, cabe cuestionarse qué significan estas fechas. La realidad es que la mayor parte de las personas se dedican a comprar compulsivamente, regalos, juguetes y perfumes, entre otros, abarrotan los supermercados y llenan carros de comida. Nos volvemos locos buscando un detalle y adornando nuestras mesas con las mejores vajillas, la cristalería de la abuela, las velas o la cubertería de plata. Registramos nuestros armarios tratando de encontrar la prenda perfecta para celebrar el fin de año; y sino encontramos nada, por supuesto, lo compramos, aunque luego no nos lo volvamos a poner en la vida.
        El caso es gastar, comprar y derrochar sin apenas sentido. Ante ello, esto es la Navidad. Señores, vamos a ser responsables… con lo bonito que es recibir un presente en cualquier momento, junto con un ‘te quiero’, sin más motivo que ese y porque me apetece hacerlo ese día y en ese justo momento.
        La realidad es que pasamos la mayor parte del año comiendo comidas caseras y asequibles al bolsillo; sin embargo, cuando llega la Navidad, aparecen las cigalas por doquier, el caviar, el pavo relleno, los dulces típicos y, por supuesto, el gran reserva, sin importar el coste y el derroche que supone. Gastamos hasta quedarnos sin un duro, perdón, sin un euro, de tal manera que no subimos la cuesta de enero ni con grúa.
        Mientras el símbolo del ‘Niño Jesús’ en un pesebre resulta algo surrealista ya que importa poco que a cada segundo muera un niño de hambre en el mundo y que los rincones de las calles guarden los cuerpos de mendigos pasando frío y penurias. ¿Por qué no pensamos en ello y cuál es el modelo de convivencia e implicación que se ve en todo el tejido social?
        ¿Es ese el espíritu navideño que existe…? Pues me parece realmente triste.