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sábado, 25 de febrero de 2012

ARTICULISTAS - Voces - Ángel Olmedo Jiménez


ÁNGEL OLMEDO JIMÉNEZ
Sub director de PASOS, escritor y letrado

Vergüenza torera
(o responsabilidades y altura de miras respecto de un Hospital)

        Supongo que es debido al inevitable arreciar de palabras tales como “prima de riesgo”, “modelo de eficiencia”, “sostenibilidad”, “agencias de calificación” et altri, unido a la especie de responsabilidad que uno sienta al hallarse empadronado en Tomelloso y contar con el, indudable, privilegio de una columna mensual desde la que mostrar sus opiniones.
        Reitero, estimo que tiene que ser ese cúmulo de circunstancias el que llaman (obligan) al apartamiento de la vena más literaria para permitir que las palabras sirvan como análisis de los comportamientos derivados del anuncio, el pasado 2 de diciembre de 2011, de la señora Cospedal, presidenta de la Junta, de que diversos hospitales, entre los que se encuentra Tomelloso, pasen a funcionar mediante una gestión “público/privada”, entre otras medidas que afectan al sector sanitario.
        Es curioso, releyendo su discurso de investidura, pronunciado en fecha 20 de junio de 2011, sus únicas palabras sobre hospitales fueron las siguientes: “Un Gobierno que se ocupe de la calidad en la atención universal y gratuita de nuestros hospitales. Vamos a analizar el estado de ejecución de los hospitales de Cuenca y Toledo. Asimismo, estudiaremos el estado de ejecución de todas las ampliaciones de la cartera de servicios y plantilla, prometidas, en otros hospitales. Lo vuelvo a decir: Mi Gobierno será el mayor baluarte de la gratuidad, de la universalidad y de la calidad de los servicios públicos de Castilla-La Mancha. Todo ello, con un objetivo futuro: la libre elección de médico y hospital”.
        Y, respecto de las medidas generales que su Gobierno deseaba adoptar: “Es un programa global que abarca decenas de medidas de austeridad, fiscalidad, empleo, políticas de crecimiento, competitividad, infraestructuras e innovación, además de políticas sociales en educación, sanidad y bienestar social”. Reparen en dónde se halla situada la coma, separando lo que son medidas de austeridad de las políticas sociales, siendo que estas últimas se dirigirían a educación, sanidad y bienestar social.
        Pues bien, como ciudadano castellano-manchego afectado por el anuncio de la Presidenta el día 2 de diciembre, y, sobre todo, ante la escasísima concreción en la información facilitada por los organismos públicos respecto del modelo (y su configuración) en la gestión, he de volver a poner en tela de juicio la (rectitud en la) actuación de nuestros políticos, y, a mayor abundamiento, ahondar en la desconfianza que generan la volatilidad de sus declaraciones.
        A estos efectos, el alcalde, Carlos Cotillas, a resultas de un comunicado emitido por IU sobre la posible privatización del Hospital, manifestaba el día 31 de octubre, que: “Ni se ha planteado, ni se plantea, ni se planteará. El hospital es de gestión pública y si alguien tiene pruebas de lo contrario lo que tiene que hacer es demostrarlo” (eldiadigital.es).
        Nuestro Alcalde ha variado, sustancialmente, su discurso, llegando a afirmar el 16 de enero, en la audiencia posterior a la manifestación reivindicativa, que “con el nuevo sistema de gestión, en el que la administración regional se apoya en la iniciativa privada se podrá dar una mejor sanidad en nuestra población, una mayor eficacia en la gestión del centro y la puesta en marcha de todos los servicios que el hospital puede prestar (…) tenemos que decirles que el gobierno de Tomelloso y el gobierno de Cospedal estamos trabajando para garantizar que la sanidad en nuestra ciudad sea una sanidad pública, de servicio público, porque la gestiona el SESCAM” (los subrayados son míos). Por su parte, ese mismo día, el delegado de la Junta, Lucas-Torres, en rueda de prensa, refiere que “la gestión del hospital de Tomelloso será pública apoyada en la iniciativa privada” (EFE. 16 de enero). También en esa jornada, el gerente del Servicio de Salud, Luis Carretero, en entrevista en medio televisivo, reproducida en la página web de la Junta de Comunidades, explica (sic): “Lo que buscamos es encajar las potencialidades del sistema sanitario público, pues tenemos uno de los mejores del mundo, junto con la capacidad del sector privado de aportar gestión y eficiencia» (de nuevo, el subrayado es mío).
        A este humilde español, se le antoja complicado mantener que la gestión de un Hospital seguirá siendo pública, pero que se acometerá un nuevo modelo de dicha actividad (la gestión) con apoyo/colaboración en la iniciativa privada y, máxime, cuando todavía, salvo levemente por el señor Carretero, no se ha trasladado al ciudadano el alcance y concretos extremos del concierto que alcanzaría el Gobierno autonómico con la entidad privada hacedora de la eficiencia.
       Como uno no se resiste a efectuar las solicitudes de información a sus responsables políticos, envié correo electrónico pidiendo los términos en que tal acuerdo para “el apoyo privado de la gestión del Hospital de Tomelloso” se llevaría a cabo. Aún no he recibido respuesta, pero no desespero, confío en que la responsabilidad política de los gobernantes les conduzca por los términos adecuados, en atención a sus obligaciones.
        Como ustedes bien saben, el tema de la gestión privada de los hospitales públicos viene de lejos (en 1999, el Hospital de La Ribera, de Alcira fue el primero en acudir a este tipo de actuación, siendo línea seguida en la Comunidad Autónoma de Madrid). Su fracaso en Gran Bretaña fue sonado y estrepitoso (atiéndase al Informe del Parlamento británico, emitido en diciembre de 2011, sobre el modelo PFI o a las conclusiones del artículo “Chequeo de los hospitales públicos con gestión privada” de Gonzalo San Segundo en la edición española de Medical Economics, abril de 2007). Sus defensores, no obstante, son acérrimos (véanse las declaraciones de Alberto de Rosa, director general del grupo Ribera Salud, en los Desayunos de Sanidad, organizados por PriceWaterouseCoopers en Madrid, en noviembre de 2010). Y, para conformar el escenario de opiniones, las dudas amplias, véase Informe del CES “Desarrollo Autonómico, Competitividad y Cohesión Social en el sistema sanitario”.
        Con todo, y en defensa de nuestros intereses, los ciudadanos debemos de continuar saliendo a la calle, reclamar información y guardar en la memoria las actuaciones de los políticos, de todos.
       A la mía, ahora atribulada, viene, por ejemplo, la inasistencia del señor Cotillas a la histórica manifestación por la Igualdad, Dignidad e Integración de Tomelloso en el año 2000 y el imperdonable llamamiento a que no se secundara la manifestación del 6 de diciembre de 2001, o el olvido por parte de los sucesivos representantes locales socialistas de las declaraciones de los señores Bono y Barreda asegurando que “el AVE a Jaén sin lugar a dudas pararía en Tomelloso”, entre otra suerte de lindezas que demuestra el clientelismo de nuestros políticos tomelloseros para con sus mayores.
        Y con esa altura política, se ahondan mis sentimientos de incertidumbre y desconfianza, y se impulsa mi fuerza para continuar clamando por el ejercicio responsable de las funciones políticas y de gobierno.
        Para que ellos (los políticos) no olviden, nunca, jamás, que los ciudadanos, siempre estaremos allí, recordando que nuestro voto es el que los sostiene (y los derriba), con sumo respeto. El mismo que reclamamos.


ARTICULISTAS - La balada del hijo pródigo (II) - Francisco Pérez Fernández


FRANCISCO PÉREZ FERNÁNDEZ
Escritor y profesor universitario

La balada del hijo pródigo
(II)

"No, vamos a ver -le digo- cuéntamelo otra vez porque no salgo de mi asombro".

        Las que haga falta: me extrajeron ADN de treinta cabellos de diferentes partes del cuerpo, de la saliva e incluso de la sangre. Tardaron tres semanas en cotejarlo y el resultado fue negativo. Las pruebas de balística no eran concluyentes y las huellas dactilares no coincidían”.
 “¿Y aún así te condenaron a muerte con una grabación medio amañada que encima no se entiende?”. Asiente.
        “O sea, que lo del cacareado CSI es una gaita”. Vuelve a asentir.
        Es ahora cuando el difunto padre de José Joaquín, un valenciano terco y batallador con un par de narices, entra en escena. Una larga batalla legal, carísima, va a comenzar para prolongarse durante nada menos que otros cuatro largos años. Y él, en el corredor, comienza a vivenciar el verdadero significado de esa pesadilla jurídica que es la pena de muerte.
        “Allí, en Starke, prueban la silla eléctrica todos los miércoles para comprobar que funciona adecuadamente -me explica muy didáctico. Esto empezó a hacerse porque cuando yo ingresé me enteré de que al último ejecutado, por un fallo del aparato, lo habían carbonizado literalmente, y el accidente había despertado en Florida un debate legal acerca de la humanidad de este método de ejecución. Durante las pruebas es como te lo imaginas: las bombillas parpadean y todo eso. El caso es que la comisión designada por el Estado de Florida decidió que la silla eléctrica funcionaba bien y se reanudaron las ejecuciones programadas. Sorprendente porque, fíjate, en la siguiente ejecución volvió a fallar”. Y luego somos los españoles los que tenemos fama de chapuceros.
        Será entonces que José Joaquín comprende que la pena de muerte es una aberración y que toda su vida ha estado trágicamente confundido. Porque no hay nada de novelesco, o de cinematográfico, o de simplemente justo allí. Se funciona a toque de reloj. Los condenados pasan miles de horas en una celda de tres por tres metros y sólo salen al patio, para caminar y respirar aire fresco, durante una hora a la semana si hay suerte y no llueve. Como consecuencia, las secuelas físicas y psíquicas no tardan en hacerse notar. Con tanto tiempo encerrados en un espacio reducido, deprivados de estímulos y pensando sin cesar, es habitual que muchos acaben perdiendo la cabeza y tengan que ser trasladados a un módulo psiquiátrico. “Yo tuve suerte -razona- porque mi familia había armado mucho revuelo y recibía constantemente correo, visitas, daba entrevistas… En fin, todo aquel trajín me ayudó a no perder el juicio allá dentro como les ocurrió a otros compañeros. Piensa que la mayor parte de ellos son negros o hispanos, no tienen dinero y no pueden permitirse una defensa digna. Tampoco le importan a nadie. Incluso sus familias les repudian y acaban por no ocuparse de ellos durante meses e incluso años. Es un horror inhumano. Acaban volviéndose tan locos que en algún caso se pasan el día sedados y, cuando los ejecutan, prácticamente no comprenden ya nada qué lo que les está pasando”.
        José Joaquín quedó muy impresionado con uno de aquellos condenados, Frank Lee Smith. Un negro que se despertaba todas las noches proclamando su inocencia a voz en cuello. No dejaban de sedarle a causa de ello porque los carceleros allá no se andan con bromas. Le habían condenado a muerte por violar a una niña blanca y él, sin cesar, cuando los sedantes dejaban de hacerle efecto, exigía que se le hiciera aquella prueba de ADN que nunca logró que le hicieran durante el juicio. Frank terminó apartado, encerrado en el módulo hospitalario a causa de un cáncer de páncreas que dio fin a sus días. Los médicos que le hicieron la autopsia cumplieron finalmente con el deseo del reo: “Y mira tú por dónde, era inocente. El resultado de la prueba de ADN no coincidía con la que se practicó al semen encontrado en el cadáver de la niña. Frank pasó diez años en el corredor de la muerte sin motivo alguno. A veces me pregunto cuántos más habría así, como él o como yo mismo”.
 Una decidida ola de apoyo popular e institucional -y nada menos que un millón de dólares reunidos centavo por centavo por su familia, ojo- hicieron falta para que el caso de José Joaquín fuera revisado en un segundo juicio. Y tuvo suerte: lo habitual es que un recurso tarde en torno a tres años en prosperar y el suyo, gracias a la presión popular, llegó arriba en solo seis meses. Y ahora las cosas han cambiado de manera radical.
        El nuevo tribunal es consciente de que se han cometido muchas irregularidades y de que habrá que dar marcha atrás por lo que, tratando de salvar la cara a la justicia del Estado de Florida -recordemos que allá los jueces son cargos electos y deben dar explicaciones de sus errores al contribuyente-, le proponen que se autoinculpe para así poder liberarlo por la vía del indulto. José Joaquín, su padre y sus abogados se niegan. Sólo cinco días después de rechazar la propuesta de la fiscalía -6 de julio de 2001- se le declara no culpable y la pesadilla concluye. Tras esta experiencia tremenda solo ha aprendido una cosa: que la pena de muerte en los Estados Unidos no es más que otro negocio, caro, alimentado con millones de dólares que cambian de manos sin cesar y en el que, precisamente, lo menos importante es la justicia, la verdad o la más simple humanidad.
        La historia no tiene un final feliz. A poco de regresar a España, en Valencia, el padre de José Joaquín, ese luchador al que le debe la vida dos veces, fallece al ser atropellado por un motociclista en un paso de peatones. “Yo odié a ese motociclista -dice con los ojos llenos de lágrimas-, le odié de veras, con un rencor espantoso porque es humano sentirse así y hay que comprenderlo. Pero luego me acordé de mí. Me acordé de Frank y de otros. Y sobre todo comprendí que matar a la persona que había atropellado a mi padre no aplacaría ese odio o esa angustia. Porque ejecutar al otro no iba a devolverle la vida al mío. Qué duro si lo piensas, ¿no?: Tuve que pasar por el corredor de la muerte para comprender algo tan sencillo”.

        Es la letra final de la balada del hijo pródigo. De la historia del muerto que un día resucitó.


ARTICULISTAS - Se está endemoniando la privatización - Martín Alsina

MARTÍN ALSINA

Se está endemoniando la privatización


        Es lamentable tener que leer algunas publicaciones donde antiguos miembros de la conducción del Hospital de la comarca, beatifican el pasado y proclaman como diabólicas las cosas que aún no se han concretado. Cómo si todo tiempo pasado fuese mejor... Debe ser supongo, porque hay veces que la memoria les juega una mala pasada. Se olvidan que para finales de Junio del año pasado, ya se había consumido casi el noventa por ciento del presupuesto del año para Sanidad. Peor aún, en un Pleno realizado en el Ayuntamiento de Tomelloso, esos mismos señores desmemorizados, votan en contra la propuesta de seguir manteniendo una Sanidad Pública, universal, gratuita y de calidad, manteniendo el puesto de trabajo a todo el personal sanitario en la Comarca de Tomelloso. Mucho discurso demagogo y populista, al igual que marchas inconducentes, pero en ninguna oportunidad se escuchó ni una sola propuesta, de cómo cambiar el rumbo de  la situación. No cayó al debate ni una sola idea,  de parte de quienes parecen inmolarse en sus discursos, para explicarnos cómo se hace con una deuda de diez mil millones de euros, para financiar la Sanidad Pública y así pagar sin sobresaltos las nóminas de los trabajadores sanitarios y sus proveedores.  ¡Qué poca memoria! Y como valor agregado quieren que las actuales autoridades, hagan de un vehículo sin ruedas ni combustible, un Fórmula 1 que gane la carrera. Solo se aferran a que el Partido Popular (PP) no va a cumplir con lo prometido en campaña preelectoral. Que pocos recursos; la dialéctica muere con la realidad y frialdad de la situación económica que dejó la gestión anterior y que envuelve a toda España con un déficit que supera el ocho por ciento. Un individuo, una sociedad, un país, es víctima de su historia reciente y lejana.
        El Hospital de Tomelloso, sin duda, es necesario, así como su plantilla, salvo claras excepciones muy conocidas. Se está endemoniando la privatización y a mí no me queda claro qué es lo que se privatiza, si seguridad, cocina, mantenimiento, lavandería, limpieza, personal de información y transporte, dado que ya lo son. Se anunció desde la Consejería de Sanidad que se iban a respetar los contratos preexistentes y seguirá siendo el responsable de pagar las nóminas, dado que este centro seguirá siendo del SESCAM. 
        Ahora, ¿qué se privatiza, la gestión? Si es así, habrá que explicar a la población y a los trabajadores en qué consiste exactamente la “gestión público/privada”, qué es en realidad lo que abarca, propósitos y proyectos. Pero se me ocurre que, dadas las actuales circunstancias, no se puede criticar lo que aún no se ha llevado a cabo y menos aquellas personas que fueron pertenecieron a la paupérrima gestión anterior. Quienes, como dije antes, la memoria los traiciona y se olvidan que nunca pudieron cumplir con lo prometido, ni antes ni después de la separación de Alcázar de San Juan en cuanto a la cartera de Servicios.
        Cuando el Paritorio, comenzó a funcionar, el costo en honorarios profesionales era “sublime”;  ¿de dónde venían esos profesionales?, obviamente del ámbito privado. ¿Cuándo hubo un médico a cargo de la Observación de Urgencias las veinticuatro horas que se encuentra a una distancia excesiva y donde teóricamente hay pacientes de mayor cuidado? ¿Se disminuyeron los tiempos de espera para citas con Especialistas o Cirugías? ¿Cuándo se dejó de estar bajo el “paraguas” de Alcázar? Es una pena que no se haga mención en ninguna página, que por Urgencias pasaron más de una treintena de médicos que por una razón u otra, decidieron marcharse o no venir directamente, pese a tener su plaza. Y otras especialidades siguieron el mismo camino ¿Por qué será? ¿Tendrá algo que ver la gestión anterior?, ¿cumplió con sus promesas?
        En fin, podría seguir añadiendo unas cuantas circunstancias, pero en cambio, en repuesta a que si el pueblo de Tomelloso está dispuesto a soportar la sangría que ocasionaría la privatización, me pregunto: ¿estaría dispuesta la gestión anterior a soportar una auditoría profunda, en el más amplio de los aspectos? Las urnas, reflejo del pensamiento de la sociedad, fueron muy explícitas;  aún así, sería interesante; estoy seguro que no saldrían bien paradas.
        Otro punto a tener en cuenta, es que se dice que la privatización va a disminuir la calidad de la asistencia y la seguridad de los pacientes ¿Qué significa esto? ¿Qué los profesionales hasta ahora honrados, se van a convertir en incapaces? La calidad  y seguridad, estoy persuadido va a ser la misma, estoy seguro;  pero se debe contar con el número adecuado de personal médico y de enfermería, en todas las áreas. En la gestión anterior no lo había; por lo tanto no sé lo que pregonan. Poner en tela de juicio calidad y seguridad, por parte de las autoridades anteriores, no me parece oportuno ni adecuado. Historias hay por demás.
        Trabajar en un Hospital Comarcal como el de Tomelloso, por sus diferentes y variadas características, no es fácil. Es por ello, que el personal que desarrolla su actividad, con compromiso, esfuerzo, profesionalidad, de alguna manera debe ser reconocido, caso contrario poco atractivo va a tener trabajar en el mismo, tanto para permanecer como para venir.
        Teniendo en cuenta estos tiempos tormentosos con  un futuro poco claro, sin duda, las mejoras de la sanidad, en los tiempos que corren, no vendrán seguramente de aumento del presupuesto, sino de mejorar la gestión de los recursos. Eso el PP lo tiene que tener claro.


ARTICULISTAS - Sonría por favor - Alfredo Medina Díaz


ALFREDO MEDINA DÍAZ
Escritor y empresario

Sonría por favor

        Era una tarde de agosto del año 68 cuando en la antigua plaza de toros ‘El Chofre’ de San Sebastián toreaba el maestro Santiago Martín “El Viti”. Sabido es que al susodicho diestro, junto a su buen hacer en el arte de cúchares, le caracterizaba la seriedad de semblante, es decir, no se reía aunque le hicieran cosquillas en los pies…
        Al término de una impecable faena la presidencia le concedió las dos orejas del astado. Ni con ellas en las manos afloró la más leve mueca de una sonrisa en sus labios, fue en la vuelta al ruedo mientras se lanzaban las botas de vino, pañuelos, abanicos y demás rituales, cuando un señor saltó al ruedo con un hermoso cartel dirigido al torero donde se leí claramente “¡Viti, sonría por favor!”
        La ocurrencia del aficionado surgió efecto y “El Viti” levantando la vista hacia los tendidos nos dedicó una tímida sonrisa a quienes nos encontrábamos en el coso taurino.
 Este acto tuvo su pronta repercusión, ya que a partir de ese día, y como si de vital importancia se tratara, que en el fondo lo era, se empezaron a imprimir unos cartelitos con fondo blanco, letras azules y un cuadrado del mismo color en el margen izquierdo con la simple pero instructiva inscripción “¡Sonría por favor!”.
        El eslogan, raudo, se puso de moda y en la luneta trasera de la mayoría de los coches, así como en muchísimos establecimientos, lucía la ya famosa frase instando al personal a llevar a la práctica algo tan natural y necesario como es la sonrisa. El cartel dio su resultado ¡vaya si lo dio! Y duró varios años e incluso se exportó y tradujo en varios idiomas aquella idea, ya que no era raro encontrarse con la feliz y risueña frase en otras zonas de España.
        Pero, como todo en esta vida, se fue olvidando poco a poco y su sabio consejo desapareció de nuestra vista, y lo que es peor, de nuestro ánimo. Parece increíble que se esté llegando al extremo que se nos tenga que recordar que hay que ejercitar funciones tan básicas y tan de primera necesidad. Creo que habría que inundar los pueblos, ciudades… con letreros de este tipo, que nos hagan recapacitar y dedicarle importancia a lo que de verdad lo merezca.
Quizá la existencia del ser humano cada día sea más precaria, más difícil y complicada, la crisis, la falta de trabajo…. Motiven a que en el metro, autobús, en la calle… tengamos que mostrar un rostro serio, frío, desconfiado… y ello no nos haga ver más que problemas a nuestro alrededor. Bien es verdad que la mayoría de veces llamamos problemas a los desafíos cotidianos de la vida, y que no son más que oportunidades para reciclarnos y evolucionar para no quedar estancados. Saber ganar y saber perder son parte del juego y la vida. Desarrollar los sentidos, y entre ellos el del humor, es aprender a reírse, lo primero, de uno mismo y así recuperar los espacios inquebrantables de salud y fortaleza.
        El mal humor enferma a quien lo padece y a quien lo provoca, tras él llegan las broncas que van acompañadas de rabia, ira, frustración, resentimiento… es fuente de muchas separaciones, la mala convivencia hace insoportable la comunicación e imposibilidad de llegar a acuerdos y disfrutes compartidos. Fragua personas disconformes, eternamente intolerables, que al final, nadie las soporta y se terminan quedando solas. Buscar un clima de estabilidad, de cariño y comprensión recíproca es fundamental para formarse un carácter amable y distendido, donde la risa espontánea no tiene más remedio que fluir.
        La risa siempre ha estado presente en el hombre, y no se han discutido nunca sus efectos positivos. No será la panacea, ni la eterna felicidad, pero está muy emparentada con ella. Desde luego, lo que está fuera de toda duda, es que ayuda a sentirse bien y elevar la autoestima. Sigmund Freud atribuyo a las carcajadas el poder de liberar al organismo de esa energía negativa que nos conduce a verlo todo negro. En buena prueba de ello, últimamente han surgido tratamientos como la risoterapia que mediante la risa genera un estado de ánimo excelente que influye de esa manera en nuestro cuerpo y nuestra mente.
        La risa es mágica, reír es un regalo de la naturaleza, es la alegría de vivir. Una autodefensa ante la sociedad. Según un viejo proverbio chino, para estar sano hay que reírse 30 veces o más al día. No sé si será demasiado, pero la verdad es que la deberíamos de exigir hasta en el restaurante, en las tiendas… pues hay veces que te encuentras con unas caras y unas formas de tratar al cliente que dejan mucho que desear.
        Estos establecimientos deberían ser como el salón de casa, donde uno se reúne con la familia, los amigos, donde tiene que haber un ambiente relajado y donde, fundamentalmente, se pueda reír. 
        El buen comerciante se debe de preocupar en todo momento de complacer al cliente sin que se borre la sonrisa de su boca, ya que una sonrisa ilumina más que la luz, y además, sobre todo ahora, es más barata. También porque nadie es tan pobre que no pueda regalar una sonrisa, ni tan rico que no necesite.


ARTICULISTAS - Habla pueblo habla. No dejes que nadie decida por ti (Jarcha) - Jesús Lara Serrano


JESÚS LARA SERRANO
Escritor y agricultor

Habla pueblo habla.
No dejes que nadie decida por ti (Jarcha)

        Si pensamos que unos políticos y sus economistas, por negligentes e ineficaces, nos han metido en un laberinto del que no saben sacarnos debemos decirlo con toda claridad, ya que los dirigentes, parece, han dejado hasta el agotamiento, las arcas públicas en las distintas administraciones no están dispuestos a pedir ningún tipo de perdón.
        Tampoco se justifican los que nos han conducido de tener un millón ochocientas mil  parados, que arrastrábamos, a los más de cinco millones de personas sin trabajo en edad laboral. En el pasado teníamos el paro técnico normal y el añadido por don Felipe González en Andalucía y Extremadura durante su mandato. Paro subvencionado que me ha parecido siempre anticonstitucional porque solo se aplicaba en dos zonas del país. Y el de los “racas” de toda la vida, que sumados  todos, nos daba siempre la cifra más alta de paro de la Europa moderna. No pasaba nada. Ahora ya va “pasando”. Además de seguir siendo los campeones del paro laboral de nuestra querida Europa y por supuesto, no recuerdo si era este el tema, pero en personas en busca de empleo, si pasamos a Italia y a Francia, lo digo por nuestro anterior presidente, Rodríguez Zapatero, que  decía que era un experto capitán de barco para gobernarnos, y un gran especialista en horticultura, él y su equipo de poder, preveían brotes verdes con mucha antelación.
        Cuando en este país la burbuja de la construcción -el gran invento- a lo salvaje se instaló con el patrocinio de todos los poderes, los españolitos de a pié, pensábamos que lo tendrían todo controlado, incluso, se nos decía, que llegado el momento, el globo se desinflaría de tal forma que aterrizaría suavemente. Entraron, bajo bendición gubernamental, muchos millones de personas del exterior, por el lógico proceso de mejorar su sistema de vida, que por cierto, visto lo visto, no debían haber pasado porque se utilizaron para construir cosas que solo tenían una demanda artificial. Por ejemplo: trenes con tramos de alta velocidad, en los que solo viajaban nueve pasajeros diarios. Al igual que algunos aeropuertos recién construidos sin movimiento de pasaje, viviendas sin vender y una banca inflada de personal, locales comerciales, hipotecas y directivos, que de estos últimos, muchos parecen inútiles y bastante aprovechados, algunos de ellos ahora desaparecidos parece que tendrán problemas serios con la justicia.
        A un buen número de ciudadanos nos gustaría que estas entidades bancarias, llamadas cajas de ahorros, que son de los españoles todas pasaran a formar una gran banca nacional, que sí diera créditos a  proyectos ilusionantes.
       Si de todas formas vamos a pagar las reconversiones y salarios a presidentes de un millón de pesetas (1) al día, hagámoslo con imaginación, incluso, pagando salarios y blindajes un poco más normales a los directivos, o que escandalicen menos a las familias que lo están pasando mal. Por sus obras ya los conocemos. Es verdad que necesitamos gobernantes austeros, sin dudosos ingresos y patrimonios sin demasiada  justificación; y que se expulse a responsables de administraciones que han dejado las arcas vacías, coincidiendo muchas veces su inutilidad con la colocación de palmeros bien pagados. Junto a contrataciones de funcionarios sin medida y la creación de fundaciones y organismos oficiales inútiles, reducirlos ahora produce paro.
       Todo esto ha sido sufragado como es lógico, con nuestro dinero, o prestado, con el resultado de hipotecar el desarrollo presente y futuro. Ahora los millones de parados que no han roto ningún plato, jóvenes y mayores, necesitan trabajo e ingresos ya. Deberíamos plantearnos si tenemos que salir o no del euro ahora mismo; si hay que promocionar y proteger nuestras producciones nacionales para conseguir creación de puestos de trabajo, frente a lo importado, antes que nada; si hay que favorecer el retorno de los emigrantes a sus países de origen que no tengan contrato laboral. No les digo el valor aproximado de las divisas que han enviado estos trabajadores a sus países la última década, porque se van a asustar, por un trabajo que, o no debiera haberse hecho, o tendríamos que haberlo realizado nosotros sin que por ello perdiéramos los anillos. Seguramente que ahora nuestra economía tendría signos distintos.
       Se decía, en un pasado reciente, que ocupaban puestos de trabajo que nosotros como éramos delicados, ricos e inteligentes, no queríamos hacer. También debemos promocionar nuestro sector turístico como nunca y controlar sus posibles abusos, así como proteger la seguridad de nuestros visitantes de forma extraordinaria. El país tiene que ser una balsa de tranquilidad para los que viajan hasta aquí. Lo podemos conseguir, porque jamás la sociedad ha tenido tantos medios para producir, ni personas tan bien preparadas. Porque no hemos sufrido catástrofes, ni guerras, solo parece que hemos soportado una plaga de incompetentes muy extendida, pero que para bien de todos se deben  intentar controlar.
       Hay que dejar de meter miedo a la gente, con tanto “coco” y ponerse a trabajar con inteligencia, honradez, austeridad y muchas ganas para salir del escollo donde estamos actualmente.
                                                                                                                                  

(1) peseta: antigua moneda oficial del país, soñada y añorada por muchas personas.



ARTICULISTAS - La anorexia - María Lara Cano

MARÍA LARA CANO
 Estudiante de ESO

La anorexia

        Todos, o la mayoría, hemos escuchado hablar de la anorexia y la bulimia, ya haya sido en los medios de comunicación o de la gente de nuestro alrededor, criticando aquellas personas que pasan por esta enfermedad.
        Pienso que hay que ser conscientes de las causas por las que se inicia la anorexia y la bulimia, hay que intentar conocer y hacer entender, lo que puede llegar a provocar. Sinceramente, este tema no lo comprendo como lo puede hacer una persona que tenga más conocimiento sobre este asunto, pero lo que si se es que no hay que arriesgar nuestra vida por lo que digan los demás, ya que veo que la sociedad es demasiado dura con las personas que sufren sobrepeso, por el hecho de no tener un ‘cuerpo diez’, o no ser la modelo que anuncia los bañadores del verano y no usar tallas estándar. Hay que pensar en los sentimientos de estas personas, ya que quedan acomplejadas por no ser lo que la sociedad anhela, y les provoca insatisfacción e inseguridad.
        Los más afectados por la anorexia son los adolescentes, al ser más vulnerables y querer llegar a ser como sus ídolos. Opino que cada persona es como es, y no necesita ser como su ídolo para poder sentirse bien con su cuerpo, porque cada cuerpo es distinto y debemos aceptarnos tal y como somos. Por naturaleza somos todos distintos, si vamos por la calle observamos que nadie es igual. Todos queremos tener un cuerpo perfecto, una cara bonita, porque es lo que se vende y es el chico o la chica que esta de moda.
        No nos damos cuenta de que eso no es realista, la verdad es otra es otra, y no la que se muestra a través de la publicidad, si no que, en la sociedad debemos estar altos, bajos, gordos, delgados, más guapos, menos guapos... La televisión, la cosmética, la moda y una parte de la sociedad nos vende una fantasía y tenemos que aceptar la realidad tal y como es. Por eso animo a llevar una alimentación sana y a vivir saludablemente.




ARTICULISTAS - Los tiempos cambian - María del Pilar Gándara Moratilla


MARÍA DEL PILAR GÁNDARA MORATILLA
Comercial y periodista (Madrid)


Los tiempos cambian

        Con el paso del tiempo y las nuevas tecnologías siempre creemos que hay cosas que nunca pueden llegar a pasar y hechos que nos parecen ya imposibles, hasta que suceden.
Quién nos iba a decir que, en pleno siglo XXI, un barco, pero no un barco cualquiera, sino un trasatlántico dedicado a grandes cruceros, podría hundirse como el ‘Titanic’ hace ya un siglo. Me refiero al accidente del crucero italiano ‘Costa Concordia’, ocurrido en la isla Giglio, que provocó su hundimiento parcial el 13 de enero, requiriendo la evacuación de más de cuatro mil personas, de las cuales pereciendo más de una veintena, entre decenas de heridos.
        Como en plena película de James Cámara, los pasajeros vivieron escenas de terrible pánico, todo se movía de un lado a otro bajo la luz apagada.
Desesperados por conseguir alcanzar un bote salvavidas, miles de personas se agolpaban a los lados del barco intentando huir, muchos incluso se lanzaron al mar y llegaron nadando hasta la orilla de la isla.
        Otros con peor suerte murieron ahogados o desaparecieron en las aguas. Por supuesto, no estamos en 1912 y a día de hoy los equipos de rescate funcionaron de forma eficaz, lo cual dio lugar a que muchos de los pasajeros sobrevivieran.
        Llama la atención poderosamente la actitud del capitán. Acostumbrados todos a las grandes películas y a la realidad en donde la figura del capitán orgulloso de su barco y dando una lección de valentía y coraje, no lo abandona nunca e incluso fallece con él.
        Pues este nuevo capitán moderno y cobarde paso supuestamente de toda moral y se marchó el primero. Supongo que haciendo honor a la legendaria frase “Pies para que os quiero”. Vamos que lo de “las mujeres y los niños primero”, pasó a la historia.
        ¡Qué vergüenza!, como cambian los tiempos.


martes, 27 de diciembre de 2011

Articulistas - Joe Frazier - Ángel Olmedo Jiménez

ÁNGEL OLMEDO JIMÉNEZ
Subdirector de PASOS, escritor y letrado 

Joe Frazier

        Esta maldita política de la corrección que impera ha conseguido que el boxeo sea una práctica vilipendiada por numerosos núcleos de opinión y, lo que es más productivo en la actualidad, sutilmente olvidada en el universo de los medios de comunicación.
        Por ello, la defensa del noble arte nos obliga a esquivar (el verbo aparece con la maldad más verdadera) las eventuales acometidas de esos altavoces de la defensa de los derechos (sic), los cuales se arrogaron una serie de competencias que, al menos así lo entiendo yo, nadie les otorgó.
        Siempre he pensado que éste no es mi siglo y aventuro que, posiblemente, tampoco lo fuera el pasado. Quizá por ello continúe encontrando un más que evidente halo romántico en el hecho de que dos personas se batan a duelo, manteniendo una contienda con honor y, terminada la misma, se fundan en un abrazo de reconocimiento al esfuerzo y valía del adversario.
        Viene el anterior (y prolijo) alegato a colación de la reciente muerte del mítico estadounidense, campeón del mundo de los pesos pesados y medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Tokio, Joe Frazier.
        El 7 de noviembre de 2011, y tras combatir en los centros hospitalarios igual que en el recinto acordonado, Smokin Joe era vencido por un galopante cáncer de hígado que le mantuvo postrado, en su cama de un hogar para enfermos terminales de Philadelphia, durante los últimos meses de su vida.
        Frazier era, en el ring, un hombre valiente. Su record profesional alienta poco las dudas al respecto: treinta y siete combates, treinta y dos victorias (veintisiete de ellas por knock-out), cuatro derrotas (dos de ellas ante el púgil más grande de todos los tiempos, Muhammad Ali) y un nulo.
        El norteamericano pasará a la historia del boxeo por ser el único deportista que importunó el imperial reinado sostenido por Ali en la edad de oro del pugilismo, en el transcurso del triduo de combates que conforman uno de los más bellos episodios de este gran deporte.
       Quede para el recuerdo, nobleza obliga, un gesto que declara la grandeza de Frazier. Cuando Ali se encontraba suspendido para competir, en virtud de su negativa a prestar servicios militares para Estados Unidos en su contienda con Vietnam, Joe instó al entonces Presidente del país, Richard Nixon, a que condonara la sanción a su rival, habilitándole para pelear oficialmente.
        En su primer duelo, disputado el 8 de marzo de 1971 en el Madison Square Garden de Nueva York, Frazier venció a los puntos, por decisión unánime, a Ali, tras haberle mandado a la lona en el transcurso de la pelea.
        Ali se cobraría cumplida revancha de esa derrota en su siguiente encuentro, que se señaló, casi tres años después, en idéntico escenario. Los jueces, también por decisión unánime, otorgaron el la victoria a Ali, que aspiraba a retar al entonces campeón, George Foreman.
       Para cerrar la controversia, Ali y Frazier se citaron en Manila, el 1 de octubre de 1975, en el promocionado como “The Trilla in Manila”. A los que tuvieron la oportunidad, y el placer, de poder presenciarlo en directo, no hay nada que pueda referírseles. A aquellos que lo vieron o lo disfrutaron, pasado el tiempo, por televisión, no es necesario, tampoco, recalcarles que es el enfrentamiento, por antonomasia, del boxeo. Al resto, esos que aún no lo han contemplado, la invitación se podría equiparar a la que se realiza, a las puertas del Louvre, a un neófito del arte.
        Aparte de la plasticidad y la belleza del combate, en la retina de los aficionados quedará la imagen de un Frazier, ensangrentado y con un ojo a punto de cerrarse (para comprender la dureza del castigo, baste recordar que, en el decimotercer asalto, un golpe de Ali había enviado el protector bucal de Frazier fuera del ring), que pretendía enfilar el decimoquinto round, mientras su preparador, Eddie Futch, formalizaba el abandono.
        En el rincón opuesto, Ali, derrotado físicamente y terriblemente castigado por los golpes de Frazier, tardó unos quince segundos en reaccionar, antes de levantar ambos brazos, levemente, al cielo; cansado, dolido, intuyendo la cercana presencia de la muerte, como el mismo reconocería varios días después de la pelea.
        Alguien podría considerar que la vida privada de Frazier fue lo suficientemente desordenada como para acarrear un final como el acaecido. Otros podrán sugerir que fue un hombre que falló en su lucha primordial, la de sobrevivir a la pesada sombra de Ali (el icono de la generación, que enamoraba a la cámara con su carácter extravertido y polémico).
        Da igual, son terrenos personales que escapan, deberían hacerlo, al menos, de la opinión de cualquier otro congénere.
        Frazier, sin lugar a ningún género de dudas, habita en el reino de la dignidad y cuenta con el respeto de todos, por constituir un ejemplo de superación, entrega, valor y coraje, la quintaesencia del espíritu luchador y entregado por una causa.
        Algunos dirán que es excesivo agasajo para un boxeador. Los mismos que no aciertan a entender la belleza que reside en el noble arte del pugilismo.
        El 7 de noviembre de 2011 fue un día de señalado dolor.
        A todo esto, Nicanor Parra ganó el Cervantes.
        No todo podían ser noticias tristes en este invierno frío.


Articulistas - La balada del hijo pródigo (I) - Francisco Pérez Fernández

FRANCISCO PÉREZ FERNÁNDEZ
Escritor y profesor universitario

La balada del hijo pródigo
(I)

        Su aspecto es sumariamente normal. Uno de tantos. Se trata de un hombre tirando a pequeño, robusto, que ha pasado la cuarentena. Su padre era español, de Valencia, y su madre ecuatoriana (lo cual explica en gran parte su aspecto físico, de marcados rasgos hispanos). José Joaquín tiene la doble nacionalidad hispano-estadounidense, vive a caballo entre su querida Valencia y su no menos querido Miami. Sería otro de los muchos que pasan la vida en el aire, brincando de un lado al otro del charco, de no ser por un sutil detalle que le hizo en su día mundialmente famoso: pasó tres años en el corredor de la muerte del penal de Starke, en Florida, por un delito que nunca cometió. Y es de los pocos que puede contarlo. Por eso, cuando habla, es de los pocos tipos que conozco que tiene algo que decir y a los que merece la pena escuchar.
       “Tienes que entenderlo -razona-, allá en Estados Unidos te educan desde que eres niño para creer en ello. No lo discutes, sino que simplemente lo asumes”.
        Yo, con los ojos muy abiertos sigo sin poder creérmelo, e insisto: “¿Pero de verdad tu, antes de aquello, eras partidario de la pena de muerte?”. Me contesta muy serio: “Sí. Ahora no estoy orgulloso de eso, es verdad, pero cuando te lo cuente todo entenderás lo que era, y lo que soy…” Así que me dispongo a escuchar a José Joaquín Martínez. Asumo que se tiene que explicar -y muy bien- porque aún no logro liberarme de la perplejidad.
        La historia, según me anticipa, no difiere mucho de lo que es normal en los Estados Unidos. A los 19 es un tipo seguro de sí, ya casado, que va camino del éxito. “Yo era un tío orgulloso, arrogante y pagado de mí mismo -dice. Es normal. Tienes que pensar que a los 24 ya había cumplido el sueño americano y tenía pasta, un buen coche, buena casa, un trabajo decente y la vida resuelta como quien dice... Y estaba seguro de que los tíos que había en el corredor de la muerte eran muy malos y se merecían aquello porque a mí en la vida se me ocurrió que podría terminar allí”. En efecto. José Joaquín es el producto estándar de su mundo. El resultado de una educación perversa que enseña a los niños desde bien pequeños que artilugios como la silla eléctrica, la cámara de gas o la inyección letal son herramientas de justicia y que, dependiendo de para qué, ir armado es necesario e incluso útil.
        Pero vendrá el divorcio y la tormenta en el paraíso. La relación de José Joaquín con su esposa no es buena, se rompe, y hay problemas con la custodia de la niña que tienen en común. “Ya te digo que yo estaba muy crecido por lo que el sueño americano se me quedaba pequeño y, la verdad, no veía mis límites”. Por eso apretó las tuercas a su ex mujer en el tema de la chiquilla, y por eso ella hizo lo que hizo: “no creas que le guardo rencor, ¿eh? Para nada. Ella pensó que iba a perder a la niña y realizó un movimiento desesperado… Vale, se confundió y pasó de vueltas, pero estoy seguro de que no la guió la mala fe sino la angustia”. Así lo cuenta y yo le creo.
        El hecho es que la ciudad de Tampa andaba muy revuelta a finales de 1995 a causa del doble asesinato. Un hombre y una mujer (de 27 y 28 años respectivamente) habían sido tiroteados en su casa. Él era hijo de un jefe de policía y, por lo que parece, andaba metido en líos de drogas bastante gordos. Ella, su pareja, era bailarina en una discoteca. Así era el asunto; en plan teleserie barata. Una cosa muy sórdida. Pero el hecho es que la relativa importancia del varón asesinado hizo que el caso ocupara muchas horas de televisión y radio. Cientos de páginas en la prensa. No en vano los periodistas habían olido una buena historia de corrupción policial y querían tirar de la manta a cualquier precio. Y la policía, por su parte, se volcó con el asunto porque les hacía falta un culpable de inmediato, alguien con el que tapar toda la porquería que desbordaba el retrete. De este modo, fue la ex mujer de José Joaquín quien en un momento de obcecación mental optó por acusarle del doble crimen.
        Él no tenía nada que ver, claro. La única relación que le unía a aquel hombre era que en cierta ocasión habían trabajado para la misma empresa, si bien en turnos diferentes. Sin embargo, de acuerdo con su ex mujer, la policía le tendió una trampa: el 28 de enero de 1996 fue atraído a la casa de ella a fin de que tratara de extraerle una confesión que pudiera ser grabada. Discutieron de todo excepto del supuesto crimen. Todo salió muy mal, chapucero, cutre. La cinta se oía fatal -ininteligible, de hecho- y ellos ni aparecían en las imágenes. No obstante, la policía le detuvo cuando salió de la casa. Había quedado con unos amigos para ver el partido de la Super Bowl (Cowboys vs. Steelers) que nunca llegó a disfrutar. Y ahí comenzó aquel infierno surrealista.
       “Entiéndeme: durante las primeras semanas en las que me tuvieron detenido, interrogándome sin parar, tratando de estrecharme el cerco, yo no daba crédito. Pensaba que en cualquier momento todo se iba a aclarar, quedaría claro que yo no tenía nada que ver con el caso y me pondrían en la calle... Pero no fue así. Ese fue mi error porque, confiado en mi inocencia, decidí no contratar a un criminalista de calidad. Me defendió mi abogado de siempre, un hombre que no era especialista en aquello sino en causas laborales y familiares, y el sistema policial y judicial estadounidense es muy perverso: nadie discute los criterios de la policía, los fiscales sólo buscan la manera de buscarte las vueltas y todo se mueve a base de dinero, de peritos, de gente y de recursos carísimos que pagas para que te apoyen. Entonces yo tenía bastante dinero ahorrado y podría habérmelo permitido... El caso es que ninguna prueba me incriminaba, pero bastó esa grabación que amañó ilegalmente el padre de la víctima -el jefe de la policía, recordemos- para que me condenasen a muerte. Cuando quise darme cuenta estaba con el mono naranja. Angustiado y confuso. Preguntándome todavía cómo narices había llegado allí”.
       Y solo era el comienzo de la pesadilla.

Articulistas - La gran costalá - Tomás Perales Benito

TOMÁS PERALES BENITO
Escritor e ingeniero 

CHARLAS EN LA SOBREMESA

La gran costalá

        Costalá es precipitarse violentamente contra el duro suelo; el adjetivo gran dice que lo acaecido es de bigotes, o de campanillas, que el que ha mordido el polvo se ha roto las costillas o dejada esparcida la sesera por el espacio de aterrizaje. Es el desenlace que advierto a la situación social que vivimos -al que le pongo, con delirio, una palabra de mi niñez-, tras el que aventuro que remontaremos el vuelo como el ave Fénix. Experiencia no nos falta.
        Tiempos necios llamó a los suyos, desde su convento, la rebelde Teresa, siempre al frente de sus monjas, todas letradas por imposición, su ejercito para combatir la sinrazón, la ceguera de los estertores medievales. Tiempos necios los nuestros, que hemos trocado todos los valores conquistados con sudor y no pocas lágrimas por un puñado de ilusorio y volátil bienestar. La ciencia, como nueva chistera de mago circense, nos ha encandilado y le hemos entregado el alma a cambio de no se sabe qué.
        Las sociedades padecen de tres grandes mentiras, todas recientes considerando el largo periodo de nuestra existencia como seres racionales. La primera la pusieron en circulación las iglesias al proclamar que tenemos condición de siervos de los moradores de los cielos, seres (?) con aparente poca misericordia y mucha demanda de pleitesía, devoción y ruego; continuaron los abanderados del socialismo con sus proclamas de igualdad, sus dogmas de uniformidad, etiquetados, fabricados en serie, todos con los mismos conocimientos, los mismos criterios y opiniones, las mismas acciones, las mismas miradas grises, los mismos sentimientos apagados, sin emociones, mirada al frente, como un ejercito, el que forman tras su reeducación destinada a borrar sus recuerdos de un tiempo provisto de sonrisas y también de lágrimas. Cierra el círculo el estado del bienestar, presentada en sociedad por las izquierdas como el bálsamo a todos nuestros males, el elixir de la existencia en el Edén, la replica, tan merecida como natural, al sufrimiento. La primera la estamos superando con la razón, la segunda con el conocimiento, pero a la tercera no sabemos dónde y cómo hincarle el diente. Nuestros dirigentes políticos nos han llenado la cabeza de tantos derechos que sentir la proximidad de una mella en alguno ya lo consideramos un hurto en nuestras propiedades.
        Nada más natural que la solidaridad. Nada más humano que la protección al que lo abandona la ventura. Nada más justo que la igualdad de oportunidades. Pero los límites de lo razonable se han superado peligrosamente. La protección excesiva, como la abundancia, engendra la desidia, congela el afán de superación, una de las manifestaciones más dignas del ser humano. Y por si no fuese suficiente declive social, su mantenimiento son ahoga económicamente.
        Tenemos derecho a... nos dicen. Evitemos que nos roben los logros sociales conseguidos con tanto esfuerzo, claman mientras nos llevan a la ruina económica. Subsidios a los que lo necesitan y a los que no, servicios sociales a la altura de los ricos, cuando no lo somos, instauración de auténticos reinos en cada gajo del país, con sus cortes y tropel de cortesanos inútiles asomados al pesebre de los reyes de trono bajo, con o sin panegíricos, aunque con ellos se llega más alto.
        No cesamos de columpiarnos, con la mirada firme del amo, en la opulencia institucional, la que sufragamos con dinero prestado en una espiral tan interminable como absurda. Y mientras tanto reducimos a cada momento la distancia a la línea de meta en los estudios para que no se note tanto el fracaso escolar, consecuencia de la negación del esfuerzo, y menguamos el dinero a los centros de formación, los únicos que pueden garantizar el porvenir como sociedad.
        La cordura no se deja ver, pero la inevitable costalá si dejará huella en el rostro. Y entonces volveremos a empezar. Al sentirnos de nuevo desnudos acondicionaremos la imaginación y el esfuerzo, ahora cubiertos de polvo, y levantaremos lo que años después, tras las conquistas sociales, será derrumbado.



Articulistas - Sanidad. Tremebundo desafío - Martín Alsina

MARTÍN  ALSINA
Sanidad.
Tremebundo desafío

        A Dios gracias, se terminó el tiempo político. No más suposiciones ni encuestas. El pueblo español se ha pronunciado. Ha dado su veredicto fuerte y muy claro. Y nuevamente Castilla-La Mancha, demostró que está aferrada a un cambio esperanzador, que comenzó el ‘22 M’ de este año. Menudo desafío le toca al PP, y máxime sabiendo que cuatro años son escasos para subsanar tanto despropósito.
       La deuda de Sanidad, casi de mil seiscientos millones de euros, es una cuesta arriba, muy escarpada, donde sin el esfuerzo de todos los castellano-manchegos, será imposible vencer. Y esto involucra a todos los estamentos. No pueden quedar afuera ni siquiera los que no participen de las ideas del actual partido gobernante, ni los indiferentes, ni aquellos que por conveniencia miraron paro otro lado, ni los permisivos. Por el silencio de muchos y las mentiras de los “pícaros”, la  deuda la debemos pagar todos, porque todos somos culpables, en una u otra medida.
        El sentido común, la austeridad, el paso firme, seguro, y la excelencia en la gestión, deberán ser las armas para enfrentar esta dura y anárquica situación.  El lavado de cerebro al cual estuvo sometida la sociedad, debe ser erradicado de raíz. Sanidad hoy por hoy, es muy “finita”. Y no hay “caja”.
       La dedocracia burocrática amiguista e innecesaria como inútil, de antaño, debe desaparecer. Menos funcionarios, pero capaces, con curriculum y no con prontuario. Que tengan espíritu de trabajo,  sacrificio, compromiso, suficientes, para alcanzar objetivos seguros. Personas con formación y de confianza. Compenetradas en un proyecto de futuro.
       Al aumento de impuestos al tabaco y al alcohol, a la mejor gestión para realizar el cobro a las mutuas, debería agregarse además, disminuir la cobertura del porcentaje que se realiza a los medicamentos, involucrando en este ítem a todos los niveles. Ya no puede haber medicación gratuita para nadie. Hay que deshabituar a los ciudadanos que en cada casa haya una “botica”. A lo sumo podrían auditarse casos especiales.
        Se debería instrumentar gradualmente  un medio didáctico eficaz, para que ningún paciente vaya al hospital sin el volante correspondiente de Atención Primaria, debidamente cumplimentado. El que no cumpla esta sistemática debería pagar la consulta y los gastos que la misma involucra. Lo mismo ocurre con aquellos pacientes que ingresan al hospital por efectos tóxicos del alcohol, sustancias prohibidas, disturbios callejeros. Obviamente los reconocimientos médicos a pacientes sanos traídos por Policía Local o Guardia Civil, no deberían ir al hospital, salvo que paguen para ello. Exentos están las urgencias reales. Pero las derivaciones que no estén bien fundamentadas por Atención Primaria, deberían ser esos profesionales los que asuman las responsabilidades, una vez auditadas la historias clínicas. Se debe acabar con la medicina defensiva. Hay que trabajar y “mojarse”. Deben fundamentar su existencia. Caso contrario se deberá modificar sustancialmente el actual funcionamiento. Se deben acabar los términos: “somos unos mandados”, “se deriva para valoración”, sin una historia ni reconocimiento que lo justifique. Con el agravante que en muchas oportunidades se usa la ambulancia como taxi. O peor aún, sin ver al paciente se decide su traslado al centro hospitalario, lo cual en algunas circunstancias pone en peligro la vida de los pacientes. De todo esto hay pruebas por demás y la actual administración debe centrarse en este punto, porque es vital para la sostenibilidad del sistema. 
        La redistribución del recurso humano de los centros asistenciales, en las diferentes áreas, es otro punto de importancia. No puede haber centros hipertrofiados, otros donde hay más médicos que los que hacen falta y otros que carecen de servicios esenciales como para llamarse Hospital General. Es el caso de Alcázar de San Juan, Manzanares, Tomelloso. Prácticamente en un triángulo equilátero de 35 kilómetros entre cada uno, no se puede admitir que no se preste una atención acorde a la población. Las gerencias deben trabajar mancomunadamente, para lograr este objetivo. Además, se podría debatir sobre el personal profesional que trabaja en un Hospital de difícil cobertura, ejemplo Tomelloso, y que aún no tiene su plaza fija, se les podría otorgar la misma si cumplen algunos requisitos: español o miembro de la Unión Europea, afincarse en la Comarca, es decir comprar una propiedad, lo cual dinamizaría la economía y el crecimiento demográfico y todo lo que ello involucra, tener título de especialista bien documentado, así sea extracomunitario, estar trabajando en dicho hospital, como mínimo hace cuatro años. Me impresiona que esto sería más beneficioso y económico que realizar oposiciones, por muchas y variadas razones.
         Las Residencias de ancianos, deben contar con médico de guardia las 24 horas, además de su Técnico de Transporte Sanitario y ambulancia, independientemente de la deuda que la  Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha tenga con las mismas. Además de generar empleo, lo fundamental, es que nuestros ancianos, sin duda alguna, historia viva de nuestra comarca, se merecen la mejor atención posible. Esto tendría como objetivo trabajar sobre la prevención de patologías que luego terminan siendo derivadas al hospital, como así también banalidades que no pueden ser resueltas por enfermeras o auxiliares. Los pacientes pueden ser llevados al hospital para realizar estudios, y/o interconsultas y luego continuar su tratamiento en la residencia, evitando así muchas internaciones, que lo único que hacen es generar gastos innecesarios y un retraso en el giro cada día. Lo cual es más caro. Obviamente no estoy hablando de infartos, ictus o enfermedades que sin duda alguna requieren atención especializada. Resumiendo, la intención es no trabajar sobre hechos consumados que pudieron evitarse, con una atención médica oportuna.
        Ver la posibilidad de la creación de la internación domiciliaria para aquellos pacientes que por una razón u otra no pueden estar institucionalizados, por falta de cama, por tipo de enfermedad, o por decisión familiar. Aquí estaríamos trabajando con el mismo sentido que en el punto anterior y abarcando casi todos sus aspectos.
       Los servicios de Urgencias hospitalarias también, en mi modesta opinión deberían realizar modificaciones en algunas sistemáticas de trabajo y mucho más en aquellos hospitales comarcales. Retomando el ejemplo del área Alcázar-Manzanares-Tomelloso, si se logra realizar una distribución adecuada del recurso humano, se podría lograr una atención específica para cada edad y patología. Es decir “cada uno a lo suyo”. Los niños serían atendidos directamente por Pediatras, la patología propia de la mujer y del embarazo por los ginecólogos de guardia, los médicos de urgencias (que aún e increíblemente no es especialidad) atenderían la demanda espontánea y los casos críticos, etcétera. No me cabe duda, que se lograría una mayor satisfacción del usuario, y se ahorraría mucho tiempo y dinero. Demás está decir que la jefatura o coordinación de estos servicios, la cara más visible y expuesta de cada institución, debe estar a cargo de gente cualificada, comprometida, con autoridad moral e intelectual.
       En fin, no cabe duda que hay que ajustar muchas tuercas, y me quedan otros temas para exponer, pero en definitiva son algunas ideas, basadas en el devenir de la Sanidad en estos últimos años, y que acertadas o no, factibles o no, sólo tienen la intención de aportar para que el sistema se pueda mantener en el tiempo. Un centro asistencial no puede ser como “un hotel con servicio todo incluido”, donde a las tres de la madrugada se puede servir un pincho de tortilla con cava, como cosa normal y habitual. Como se ha acostumbrado a los ciudadanos a cambio de votos. “El tiempo se encarga de destruir, todo lo que construye el error”.